18,00 €

Nuestros acabados

Canson PhotoSatin Premium

Entregado en caja plana y listo para enmarcar en cualquier soporte estándar.

  • Impresión offset de alta calidad
  • Gramaje: 270 g/m²
  • 100% Papel Couché
  • Acabado Satinado
Hahnemüle Fine Art Baryta

Entregado preservando intacto la superficie impresa, y listo para enmarcar en el soporte que el cliente decida, con un pequeño margen blanco.

  • Impresión en alta calidad con tintas minerales y pigmentadas
  • Gramaje: 325 g/m²
  • 100% α-Celulosa
  • Acabado semi-brillante
Canson sobre Dibond 3 mm

El panel se compone de un núcleo de polietileno entre dos láminas de aluminio, proporcionando un ligereza y resistencia a la imagen.

  • Impresión en alta calidad con tintas minerales y pigmentadas
  • Panel de aluminio compuesto de 2/3 mm de grosor (mate).
  • Solidez superior, resistencia a la flexión y a la corrosión. Alta resistencia
  • Con bastidor de aluminio
Canson sobre Dibond 3 mm y Metacrilato 2 mm

Los tonos ganan luminosidad en este acabado, y se dota a la imagen de un brillo muy apreciado en zonas con iluminaciones pequeñas y repartidas por la sala.

  • Impresión en alta calidad con tintas minerales y pigmentadas
  • La imagen se encuentra entre una superficie de metacrilato (2mm) con un panel de Aluminio Dibond de refuerzo (3mm)
  • Acabado brillante
  • Con bastidor de aluminio

Moon Light

2018

Descripción de la fotografía

Tonos azules y reflejos en el agua en el famoso Puente de San Martín, en la ciudad de Toledo.

Historia

Cuenta la tradición toledana que a raíz de las guerras entre Don Pedro I y Don Enrique de Trastámara, el puente quedo malparado, ya que los atacantes utilizaron minas para poder entrar a la ciudad imperial. Todo ello causó grades destrozos en el viaducto. Fue más tarde en 1930 cuando el arzobispo D. Pedro Tenorio ordenó reconstruir el puente con la idea de fortificar Toledo. Encomendó tal labor a un afamado arquitecto, al cual su mujer día tras día veía más triste y cabizbajo, las obras seguían y el mal humor no desistía del arquitecto, hasta que un día le confesó a su mujer que había cometido un grave error en los cálculos de cimentación y cuando quiso rectificar ya era demasiado tarde. Cuando quitaran la cimbra del arco principal, el puente se vendría abajo y con el él su deshonra. Su esposa con la intención de ayudarle, una oscura noche salió a escondidas y con unas teas prendió la cimbra que sostenía el arco y se alejó rápidamente. El puente se derrumbó al día siguiente y los habitantes tildaron de una mala fatalidad sin culpar a nadie. El arzobispo le encargó de nuevo arreglar dicho desaguisado al arquitecto, y esta vez no cometió ningún error en sus cálculos.

Localización

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